
En agradecimiento, el ratón de ciudad invitó a su amigo a la ciudad, el anfitrión q
uería agradar a su huesped y lo llevó a desgustar muchos manjares. El ratón de campo no salía del asombro, ¡había miel, queso, jamón, mermelada! y otras exquisiteces. Estaban disfrutando del banquete cuando tuvieron que esconderse porque venía la dueña de la casa. Nuevamente siguieron comiendo y pronto escucharon unos pasos, y salieron corriendo porque el gato merodeaba la habitación. Los ratones corrieron apresurados aguantando la respiración para no hacer ruido. Cuando el gato desapareció, el ratón de la ciudad invitó a su amigo a seguir comiendo, pero el ratón de campo le agradeció la invitación diciéndole: "Gracias por todo, pero prefiero comer sencillo y tranquilo en vez de comer exquisiteces rodeado de peligros".
